Mi historia con las plantillas de sashiko, diseño por necesidad…

Sep 14, 2023 | Sashiko | 0 Comentarios

Te cuento un poco mi historia con el  bordado y en concreto con el sashiko,

Mi historia con el bordado empezó de una forma inocente, quizás algo naíf, cuando tenía apenas 8 años. Por entonces ya me encantaba adornar y personalizar los vestidos de mis muñecas y tunear con hilos todo lo que caía en mis manos. Y fue ese amor a los hilos, a los tejidos, lo que me empujó a estudiar ingeniería textil. De eso hace unos cuantos años. He dejado atrás la ingeniería y las muñecas, pero ahora más que nunca soy una apasionada del bordado y una enamorada del sashiko.

Pero ¿qué es el sashiko?La palabra sashiko significa «pequeñas puntadas», que es el tipo de punto con el que se bordan los patrones geométricos que caracterizan esta técnica, basados en líneas rectas, triángulos, cuadrados, etc. que se van repitiendo en la tela hasta crear diseños más o menos complejos.

El sashiko es, pues, una técnica de bordado tradicional japonés, que se utilizaba hace siglos para reforzar las prendas de trabajo que los campesinos utilizaban a diario, con el fin de prolongar su vida útil. Con el paso de los años, el sashiko se ha convertido en una técnica de bordado artesanal de tipo ornamental que se aplica a diferentes tipos de prendas.

Mil circunstancias, muchas casualidades y una conjunción de los astros, hicieron que montara mi micro empresa, Kitéalo, donde empecé a diseñar y producir kits de bordado, dando así salida a esa inquietud  o necesidad de plasmar mi pasión  por los tejidos y los hilos.

Buscando nuevas técnicas para mis kits, me topé por casualidad con unos tejidos bordados con diseños geométricos preciosos. Estaban bordados con punto de bastilla, el que yo estaba habituada a utilizar, pero el resultado no tenía nada que ver con los bordados tradicionales de nuestras abuelas, eran unos patrones geométricos increíbles.

Se trataba de sashiko, un tipo de bordado a mano de origen japonés, desconocido para mí hasta el momento y del cual me enamoré al instante.

Tan entusiasmada estaba con el sashiko que quise aprender la técnica. Mis maestras fueron una bordadora japonesa y otra catalana, con las que aprendí muchísimo. Sin embargo, con ambas profesoras tuve la misma dificultad: cómo dibujar los patrones geométricos en la tela. Es decir, que una cosa era bordar las prendas, que para mí era muy placentero, y otra cosa muy diferente era replicar esos motivos sobre los tejidos para luego bordar encima, porque reproducir el dibujo sobre la tela era un proceso complejo y muy lento.

Por otro lado, a petición de mis clientas, pues ya vendía mis propios kits de bordado, diseñé algunos kits de sashiko. Sin embargo, pasar el diseño del papel a la tela seguía siendo un inconveniente, así que pensé que tenía que facilitarles esa labor y se me ocurrió una idea: proporcionar plantillas de sashiko.

Primero pensé en diseñar tres modelos diferentes de plantillas, en aquel momento no se conocía a penas el sashiko y no sabía que aceptación tendrían.Pero ¿dónde encontrar diseños? Me sumergí en internet, pedí libros a librerías de Japón, de Francia…, y busqué y rebusqué hasta conseguir un volumen considerable de patrones, donde poder elegir.No sé si fue peor… tenía tanta información que no sabía con qué modelos de plantilla empezar.Me di cuenta, que podía diferenciar los dibujos en función de cómo se bordaran, con lo que pensé en hacer cada una de las tres plantillas diferenciadas en función de cómo se borda el sashiko.Es decir, los dividí en tres familias, las que son modelos circulares, los que se bordan con una puntada de ida y vuelta (hitomezashi) y los modelos donde el dibujo se forma al ir bordando las verticales, las horizontales y las diagonaes (moyouzashi). Una vez clasificadas en estos tres bloques, elegí, tres patrones muy tradicionales.

Ya tenía los modelos y ¿ahora qué? Faltaba el soporte, el embalaje… no sabía por dónde tirar.

Lo primero era pensar en el material con el que hacerlas, tenía claro que necesitaba algo duradero.Hablé con varios fabricantes y encontré uno que me entendió, pero, no a la primera, ni a la segunda, ni tan solo a la tercera vez, una cosa era que yo le pasara el dibujo y otra como cuadrar ese dibujo en una máquina de corte, no fue nada fácil.

Eso sí, el proveedor estaba encantado de hacer algo nuevo, también lo era para él, y me propuso diferentes materiales.

Tras varias pruebas, decidí que quería un material rígido que ayudara a la hora de dibujar y que alargara la vida de la plantilla, o sea, que no se rompiera después de usarla unas cuantas veces, así que eso me hizo inclinarme por el metacrilato dándole aun grosor determinado que permitiera dibujar el motivo con un bolígrafo común.

Ya tenía mucho adelantado, pero ¿Cómo embalarlas? quería que fuera bonito y práctico y que no supusiera un gran coste sobre el producto, ya que lo importante era la plantilla en sí.

Además tenía la intención de hacer un producto algo más sostenible, quería algo bueno, bonito y no muy caro, así que se me ocurrió una manera de vender las plantillas sin usar más material del necesario, el envoltorio que protege la plantilla podría llevar impresa una breve explicación de la técnica utilizada y de cómo seguir el patrón a la hora de bordarlo. De esta manera, el embalaje no solo protegía, sino que también informaba.

Con todo esto solucionado, hice mi primera tirada de poquitas plantillas, llevé este nuevo producto a la primera edición del Festival de patchwork organizada por la AEP, en Madrid, presenté los tres modelos que había elegido, y resultaron ser todo un éxito, tanto que el primer día de feria ya agote todas las plantillas.

Mis clientas estaban encantadas, me enviaron fotos de un montón de prendas en las que habían aplicado los patrones bordados, superando todas mis expectativas.Ese entusiasmo me llevó a diseñar patrones más complejos y menos conocidos.Volví al boli y a la cuadricula, para dibujarlos en tela, bordarlos y ver cuales me gustaban.

En este proceso me di cuenta de que muchos de los patrones estaban basados en una cuadrícula, siempre la misma.Ante este descubrimiento, pensé en porque no hacer una plantilla que te marcara la cuadrícula, es decir, una plantilla genérica.

Dicho y hecho, pedí una muestra de una plantilla solo punteada, con la idea de que me ayudara a marcar los puntos necesarios para no tener que dibujar toda la cuadrícula, sino que, colocando la plantilla sobre la tela, pudiera replicar cualquier patrón que encontrara en un libro.

¡Tachán! Tenía la plantilla perfecta para todas las apasionadas del sashiko.

Así que seguí haciendo plantillas de diversos modelos de cada familia y también la genérica.

Estoy contenta porque las plantillas son una herramienta valiosa para las bordadoras que se quieren iniciar en la técnica del sashiko, ya que permiten traspasar el patrón a la tela de una manera fácil y precisa, lo que supone un ahorro de  tiempo y esfuerzo.

Mis clientas están encantadas, cada temporada me piden diseños nuevos y yo orgullosa de mi trabajo.

Así que la misión de Kitéalo cumplida y yo feliz.

 

¡Hola!

Soy Teresa, me gustaría acercarte al bordado a mano, entendiéndolo como un proceso muy intuitivo donde lo importante es divertirse, relajarse y poder confiar en tus creaciones